Adultos adolescentes: el Complejo de Peter Pan

15 oct, 2013

Por: Natalia Méndez Ruiz de Biegler

No es noticia nueva que la infancia cada vez se acorta, la adultez llega cada vez más tarde y los jóvenes permanecen cada vez más tiempo en esa etapa tan revoltosa, extraña, desordenada e inestable: La adolescencia. Es una fase intermedia de la vida, en la que ya no se es niño y se disfruta de ciertas libertades, pero aún se carece de las obligaciones y responsabilidades del mundo adulto. Pero, ¿por qué cada vez son más los adultos irresponsables, irreverentes, que flotan inconsecuentes por la vida?

Dar un paso hacia la adultez implica comprometerse a la autonomía, madurar y romper con la comodidad de la adolescencia. Sin duda, es difícil lograr una emancipación de los padres en una sociedad en la que las separaciones suelen ser complejas, dolorosas y enredadas, y en la que los padres buscan solucionar los problemas de sus hijos; quieren mimarlos, darles todo, hacerlos felices. Los adolescentes de hoy tienden a obtener siempre lo que desean porque tienen control sobre los adultos, a quienes se ha culpabilizado de todos los malestares de la adolescencia. “Si su hijo es infeliz, obtiene calificaciones bajas, toma licor y fuma marihuana, algo hizo mal usted”. Todo lo que acontece en la vida del adolescente es culpa de alguien más, y los errores son solucionados con un chasquido de dedos.

¿Quién, entonces, querría crecer y pasar a una vida en la que todo lo que sucede es responsabilidad de uno mismo, y en la que todo lo que se hace tiene consecuencias? ¿Quién querría pasar a una vida en la que la felicidad es adquirida por cada uno, y no dada por alguien más? Aparentemente, nadie.

El mundo actual de consumismo hace que elijamos los bienes materiales sobre nuestra autonomía, la comodidad sobre la capacidad de decidir por nosotros mismos y sostener una identidad propia. Es necesario comprender el fuerte temor al fracaso laboral que enfrentan los adolescentes de hoy, con las altas tasas de desempleo y alto nivel de competitividad.  También el temor a la soledad, con los divorcios a la orden del día y la carencia de vínculos sociales significativos fuera del núcleo familiar.

Es natural que los padres quieran proteger a sus hijos del dolor y del fracaso, pero un exceso puede llevarlos a acomodarse en esta dinámica y evitar transitar el camino hacia la vida adulta, estancándose en relaciones afectivas fugaces, cambios frecuentes de carrera y de trabajo, derroche de dinero, conductas autodestructivas y temor al compromiso en general.

Es necesario crecer para alcanzar el potencial individual máximo; si bien la familia nuclear es el fundamento sobre el cual se construye la personalidad, los hijos deben abrir sus alas, alejarse del hogar paulatinamente e intentar desenvolverse en el mundo por sus propios medios. Esto, a largo plazo, les ahorrará tiempo, desilusiones, desengaños y sufrimiento innecesario.

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