Juan de Dios Montenegro, un Franz Liszt guatemalteco

03 jun, 2013

Un pianista trascendental que aún no ha terminado de hacer su historia.

Por: R. Orellana

“Pasen adelante chulas, ¿dónde quieren platicar?” preguntó Juan de Dios parado al fondo de un pasillo con piso de piedras mientras una joven sostenía la puerta de la calle abierta. En aquella casa de dos niveles en la cuarta calle de la zona 1 en la que permanecen recuerdos desde su construcción allá por 1910. En eco, suena un beso en la mejilla del maestro y pasos fuertes pero lentos que suben un par de escalones de concreto. “Donde usted prefiera” le responden dos voces femeninas al mismo tiempo.

Después de una presentación, reconocimiento y muestras de cariño el maestro continúa arrastrando los pies y con un sutil temblor de su mano derecha…“en la sala es más cómodo, pasen adelante” mientras camina hacia un gran salón lleno de cuadros, lámparas auténticas de décadas pasadas, juegos de salas y dos históricos pianos.

Juan de Dios Montenegro Paniagua es un maestro, pianista y filósofo de 83 años que se ha caracterizado por un interminable expediente dentro de la música instrumentista. A los 7 años comenzó su pasión por las melodías y piezas clásicas. Seguidor del pianista Salvador Ley y discípulo de Georgette Cotoux de Castillo, una reconocida pianista francesa, comenzó sus estudios musicales en el Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara a los 13 años. A los 23 emprendió una nueva cara de la moneda, desde 1956 hasta la fecha se dedica a impartir clases de piano y filosofía en su misma casa de estudios en Guatemala y en el casi centenario espacio que lo vio crecer, madurar y luchar cada noche de su vida, su hogar.

IMG_0209 IMG_0218

“Solito me fui a inscribir al Conservatorio después de recibir clases 2 años con Doña Julia Saravia” quien también  impartía clases a dos de sus hermanas. “Mis hermanas tocaban un poco pero siempre se trababan y yo decía pero porqué se traban como que yo era el profesor”, comenta entre risas. “Ellas” –refiriéndose a sus hermanas- “le dijeron a Doña Julia que también me enseñara y a los tres meses ya sabía más que ellas” agregó.

Aunado a ello, continuó sus estudios en Francia en donde permaneció un año, además de haber sido becado por el Institute of International Education of New York que le permitió estudiar en la Universidad Eugenes de Oregón junto al reconocido pianista George Hopkins. Compartió aula durante su formación académica en San Francisco, con el pianista Egon Petri reconocido por ser uno de los mejores estudiantes de Ferruccio Busoni.

Además de su amplio repertorio en el piano, Juan de Dios comparte que ha comenzado hace poco tiempo a componer. “Llevo 53 composiciones mías pero el piano es lo que me ocupa” explica. “Se me vienen las melodías y entonces las escribo con su armonía que tal vez es lo más difícil” concluye. El maestro comenta que al terminar cada una de sus piezas, se las entrega a sus alumnos para que puedan pasarlas en limpio y hacer una copia de pura música; ”hay pedazos que a uno no le gustan y entonces lo suprimo y es una de flechas que tengo que hacer otra copia que esté más clara” agrega.

En cada una de sus piezas, Juan de Dios tarda aproximadamente un mes, luego de entregado el primer borrador, lo revisa y hace algunas correcciones “hay que entregarlas bien nítidas porque si ya nítida los muchachos cometen errores y qué van a dar con la original; por eso solo yo armo mis cosas” asiente con una sonrisa que pliega las arrugas de su rostro.

Juan de Dios, sin duda es un ser virtuoso que a pesar de haber pasado por muchas experiencias negativas, ha deslumbrado a muchos jóvenes artistas con sus grandes cualidades, no solamente como profesional de la música sino como un ser humano lleno de amor, dedicación y pasión por su trabajo.

Muchas de sus obras tienen una historia “a mí me gusta que tengan algún motivo” puntualiza. Eso es posible notarlo al prestar atención mientras sus avispados dedos tocan cada tecla del piano y sus ojos muestran al artista cada partitura que nació en su cabeza. “Por ejemplo, con el bolero clásico que escribí va creciendo haciéndose más fuerte y más grande el baile, hay una parte media y un final que es fuerte. Es muy bonito para el ballet” exclama.

Entre sus composiciones podemos encontrar en su mayoría, piezas para piano sin embargo el profesional de la música comenta que siempre ha tenido una “extraña” debilidad por el canto y debido a ello, ha creado diversas obras para tenor, contratenor, soprano y bajos. A muy pocas les ha colocado nombre, “casi siempre les pongo Opus –que quiere decir obra- No. 1 o No. 2 o así, dependiendo el número de composición que corresponde”.

IMG_0219 IMG_0226 IMG_0237

Un instrumento misterioso

“Ese piano solo misterios es” comenta el músico con orgullo señalando uno de ellos, negro, de casi 100 años, un poco más viejo que el otro que ostenta. “¿Sabes cuál es la historia de mi piano¿” sonríe antes de recostarse en el sillón donde estaba sentado, “ese piano me estaba esperando…por ahí de los años de la Primera Guerra Mundial, un Conde lo mandó para acá, mi mamá quería uno pero no tan grande porque en ese entonces solo las familias –pistudas- tenían pianos de cola y así grandes. Mi mamá les dijo que buscaran al dueño pero en 10 años no lo encontraron. Los encargados de entregar el famoso piano regresaron a la casa y comentaron que no había forma de contactar al conde -que si no mal recuerda era holandés-. Los muchachos nos dijeron que les salía más caro regresarlo por aquellos caminos de tierra, llevarlo a Puerto Barrios y llevarlo en barco entonces se lo vendieron a mi papá re barato”.

Y es ahí en donde los ojos se le iluminan y el maestro vuelve a señalar con un evidente pero sumiso temblor en la mano derecha que no le permite sostenerla por más de 10 segundos en el aire al piano que lo ha acompañado por décadas.

Música y literatura

Además de ser un músico empedernido, se enamoró también de las letras que utilizaría para plasmar su historia. El pianista vivió experiencias difíciles durante su infancia, especialmente por la complicada relación con su padre, jefe político y comandante de armas de Chiquimula. Todo eso lo motivó a relatar muchos episodios vividos en tres libros: “Los claveles de doña Cleotilde”, “El ángel conspirador” y “La máscara”. Actualmente trabaja en su cuarta entrega titulada “La corona”. En cada página de sus cuasi autobiografías, se puede conocer al maestro durante las diferentes facetas de su vida, en sus largas jornadas de esfuerzos y en su creativo intento por huir de la realidad sin olvidar de dónde venía y hacia dónde iba.

Con la misma tranquilidad con la que saluda, la que camina, con la misma pasión con la que vive y la paz que transmite, Juan de Dios comparte en sus obras muchas de las historias vividas por el pueblo guatemalteco desde sus ojos. Una visión nueva para ese tiempo que incluso pudo acarrearle más problemas que ventajas. Una vida llena de conocimientos, vivencias y sin duda algún un caluroso amor por la lucha diaria. Cada página de sus obras incorpora ciertos aspectos de su vida pero se pueden contemplar más en su obra “El Ángel Conspirador”; por otra parte su libro “La Máscara” contiene la crítica y comentarios de sus grandes amistades Margarita Carrera, Evanydia De Sosa y Luz Méndez de la Vega.

Desfile de reconocimientos

El maestro ha sido un modelo de lucha en el Conservatorio, lugar en donde se pueden apreciar retratos del artista en tres salones: su clase, la sala de maestros y el auditorio. Con titubeos, Juan de Dios comenta que los retratos están ahí hace más o menos 15 años, pero lo importante no es el tiempo que transcurra sino el esfuerzo y trabajo que desencadenó el interés de los encargados, por memorizar la cara del artista y hacerla inmortal en el espacio musical que vivió muchos de sus logros. Actualmente contabiliza unos 41 alumnos graduados por él y a todos los profesores del Conservatorio que han sido sus estudiantes. Muchos de sus alumnos han sido destacados como profesores de piano en diferentes países.

Además, ha recibido una infinidad de diplomas, medallas y agradecimientos. Tuvo la oportunidad de dar recitales y conciertos a colegios de profesionales y a diversos auditorios en Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, El Salvador, México y Estados Unidos.

“Yo no hice carrera internacional porque me mareo muy fácil” aseguró el artista mientras reía. Situación que lo ha llevado a gozar de los triunfos de sus reconocidos amigos, sin embargo, nunca de una premiación mundial por su exquisito talento. Definitivamente un gran aliento para otros músicos que encontrarían en Juan de Dios a un prodigio del piano. Durante su paso como estudiante por el Conservatorio, se presentó en conciertos junto a la Sinfónica. Memorizó piezas para su acto en el estreno del Estadio Mateo Flores y participó en varios programas de radio tocando en vivo. Además, recibió el Premio Doña Martha Bolaños de Prado, reconocimiento de orden presidencial.

Con humildad pero sin dejar a un lado el reconocimiento al innato talento del pianista, se le reconoce haber tocado los 27 estudios de Chopin; concierto que ningún otro pianista guatemalteco. “Cuando recibía clases con Georgette me dijo que nadie le había dado el gusto de tocar los 27 estudios de Chopin y me dio los primeros seis para que los practicara. Cuando llegué a su casa para mostrarle que ya me los sabía, la encontré en una caja y mucha gente a su alrededor. Ya no me escucho en vivo tocándolos, pero los completé y le dediqué un concierto” comenta.

A pesar de sus amplias cualidades artísticas y de su cúmulo de posibilidades, Juan de Dios no trascendió en muchos países, cuestión que no le resta ni un milígramo de poder en el piano. De los muchos reconocidos, fue además, el primer artista que alcanzó el tono adecuado para reproducir los 12 estudios trascendentales del histórico pianista austriaco Franz Liszt.

La historia continúa

 

Debido al alzheimer para Montenegro ya no es cómodo disfrutar de su piano con ambas manos. El temblor de su mano derecha no permite que las notas sean lo suficientemente sostenidas para tocar alguna pieza que recuerde sus mejores momentos, sin embargo la historia no termina.

No dándose por vencido, el maestro conduce hace poco una de las obras más difíciles de su carrera. Una pieza para piano que es tocada únicamente con la mano izquierda, esperando poder entregar su alma en un concierto más que mantenga su espíritu de lucha e incesante talento frente a ese instrumento que le acompañó fielmente desde que era tan solo un niño.

Sin prejuicios, Juan de Dios intenta aprender de memoria la pieza para poder organizar un evento en su casa, en donde ha realizado sus últimos conciertos. Con ello, mostraría una vez más la pasión con la que se envuelve en cada oportunidad que toca las teclas de un piano. “Espero poder tocar la pieza de la mano izquierda el otro año, y ordenar acá con todas las sillas y hacer un concierto” asegura el maestro.

Los ojos jóvenes puestos en la historia

 

Uno de sus estudiantes de Juan de Dios, también pianista y actual maestro en el Conservatorio, Oswaldo Dubón asegura que el haber recibido clases con Montenegro Paniagua es una muy buena experiencia porque además de ser un gran profesor, es un gran amigo. “Le aprendí todo” asegura mientras lo ve y sonríe, “no solo se mete en tus obras sino trata de ser amigo, le debo todo al maestro Juan de Dios” agrega.

“El primer maestro es el que te da las bases y te crea una idea del piano. También te ayuda a encariñarte con las obras clásicas. Actualmente toco piezas más populares pero mientras fui estudiante me encantaban las obras de Chopin y Bach, entre otros” concluye.

Por supuesto que después de haber compartido con el maestro y de ser no solo su seguidor sino además su compañero, Dubón exclama que para él es un gran orgullo haber recibido clases con un gran maestro como Juan de Dios, además de agradecerle por su sincera amistad. “Se le quiere mucho, fui alumno de él y siempre ha sido una persona muy amable. Como maestro nunca se le va a escuchar una frase negativa, siempre dice palabras que lo hace a uno ver sus errores de una forma diferente. Es un maestro cariñoso y nunca dice algo que haga sentir mal” sentencia.

“Su clase siempre estuvo abierta para todos los pianistas, su clase es como el centro de reunión de todos; es un gran amigo y bromea con uno. Le cuenta historias todas muy interesantes. Es una gran persona, un artista muy admirable” agrega el pianista Christian Bitrón.

“Es un gran pianista, un gran maestro destacado no solo en Guatemala sino internacionalmente también. Yo soy fruto del trabajo del maestro Juan de Dios y de otros grandes personajes y estoy satisfecho como amigo y como persona. Juan de Dios es, como maestro y compañero, una persona que siempre colabora, apoya y brinda su amistad no solo a los maestros sino también a cada uno de sus alumnos” añadió otro de los profesores del Conservatorio, maestro de guitarra que prefirió mantener en el anonimato su nombre.

Juan de Dios es un ser sin igual; talentoso, querido, lleno de buenas sensaciones y que refleja una refinada paz interior. Es sin duda capaz de erizar a cualquier mientras él mismo se deleita apasionadamente cuando encuentra ese “punto de embrague” con el piano, ese instrumento con el cual se derrite en una sola armonía, un solo todo, 83 años de pura pasión que será memorable para cada ser que ha tenido la oportunidad de compartir con el respetable caballero de tan elevada erudición.

FOTOGRAFÍAS

L. Sajché

Post relacionados

  • unnamed

  • DSCN8516

  • Fotografía Oficial Preventa Maroon 5

Comparte tu comentario

  • Comentarios recientes
  • Entradas recientes