USA se queda con la Copa del Mundo de España

16 sep, 2014

Sin paliativos, excusas ni más justificación que su propio baloncesto. Estados Unidos es, otra vez, campeona del mundo de baloncesto. Y lo es por derecho propio. Porque ha sido el mejor durante todo el torneo, olvidándose de pronósticos adelantados y haciendo lo que mejor saben hacer: jugar. De esta manera han pasado por encima de todos sus rivales y de ese modo se exhibieron ante Serbia (129-92) para llevarse su quinto entorchado mundial y el segundo consecutivo.

Y eso que el combinado ‘plavi’ salió con el cuchillo entre los dientes y parecía que, por lo menos, iba a ponerle las cosas difíciles al equipo estadounidense. Un sentimiento que se reforzó cuando, a los dos minutos, Anthony Davis se sentaba en el banco con dos faltas personales. Cousins salía frío y los de Djordjevic, liderados una vez más por Teodosic, aprovechaban para soñar con la quimera. Serbia lo bordaba.

Fue un espejismo que apenas duró cinco minutos. El tiempo que tardaron los francotiradores de ‘Coach K’ en calentar sus fusiles y lo que le costó a Cousins ponerse el mono de trabajo y hacerse el dueño de ambas zonas. El pívot de los Kings es el mejor ejemplo de lo que es este equipo. Problemático y sospechoso habitual en la NBA, Kryzewski ha logrado implicarle de tal manera que con la camiseta nacional se ha convertido en el coloso que todos vislumbraban hace años.

Con la intimidante figura de Cousins haciendo el trabajo sucio quedaba por ver quien asumía el protagonismo en ataque tras los cinco primeros minutos en los que Estados Unidos no terminaba de encontrarse. Si hay algo que ‘Coach K’ ha conseguido con este equipo es eso precisamente, ser un equipo. Así, con Irving como punta de lanza, el despegue ofensivo llegó de la mano del base de los Cavs, pero compartiendo méritos con Harden y Thompson. Entre los tres pusieron en marcha la apisonadora y con un espectacular cinco de cinco en triples lanzaron al combinado norteamericano, que terminó el primer parcial con el oro colgando ya de su cuello (35-21).

El conjunto de las barras y estrellas habían tardado en despertar (apenas siete puntos en cinco minutos), pero en cuanto lo hizo demostró que va una (o mil) marcha por encima del resto. El resultado, 28 puntos en cinco minutos y partido sentenciado.

A partir del segundo cuarto apenas quedaban incógnitas por resolver más allá de hasta dónde podían llegar y si serían capaces de superar la mayor paliza en la historia de los mundiales (137-91 de Estados Unidos a Rusia en el Mundial de Canadá de 1994). A los presentes en el recinto madrileño, por contra, les quedaba lo mejor: disfrutar. El segundo cuarto se convirtió en una clase magistral de baloncesto, demostrándonos que Estados Unidos es mucho más que físico.

Es talento al servicio de una causa. Es calidad y trabajo por un objetivo común, labor que enaltece la figura de Mike Kryzewski que, una vez más, ha convertido a un grupo de invdividualidades en un equipo diseñado para ganar.

La contracrónica del partido

El rumor ‘Beyonce’ y el ‘ardaturanismo’ inundan el Palacio

Con esta idea en la cabeza, Estados Unidos no se relajó ni cuando llevaba 20 puntos de diferencia. Siguió a lo suyo, aumentando la renta de la mano de un Kyrie Irving magistral y de un Harden excepcional que castigaban sin compasión los fallos que tuvo Serbia (como los dos tiros de Krstic bajo aro). Demasiadas facilidades para un equipo que requiere hacer el partido perfecto para tener alguna opción de ganarle.

Serbia las tuvo en los primeros minutos y luego se diluyó cuan azucarillo en manos de un equipo con mayúsculas. Así, entre mates de Faried, triples de Irving, entradas de Gay y una buena defensa general, Estados Unidos se daba un autético atracón antes del descanso y dejaba el choque sin la necesidad de apretar el acelerador en el tercer cuarto, como habían tenido que hacer durante todo el campeonato. En esta ocasión todo estaba decidido antes de tomarse un merecido descanso (67-41), que llegó con una canasta sobre la bocina de Kalinic que no servía ni para dar esperanzas a los aficionados serbios que se desgañitaban en la grada.

Djordjevic, superado por las circunstancias, dio minutos a los mejos habituales tras salir de la caseta, mientras que ‘Coach K’ no quiso especular con el marcador y mantuvo a todos sus primeros espadas en la ca cancha como muestra de respeto al rival y en reconocimiento al público presente que seguía disfrutando del baloncesto desplegado por los americanos. Un juego de muchos quilates. Demasiados para cualquier equipo que se le hubiera puesto por delante. O no, eso nunca lo sabremos.

El recital estadounidense siguió en cada acción en ambos lados de la cancha. Así, llegaron a los 100 puntos a falta de dos minutos para terminar el tercer cuarto. Una auténtica barbaridad que se explica viendo sus porcentajes al final del tercer parcial: 57% en tiros de campo y 22 triples de 38 intentos para un parcial de 105-67. Números que no son de este planeta.

Un mundo en el que volverán a reinar otros cuatro años porque, simplemente, son mejores que el resto. Mejores en velocidad, en músculo, en centímetros y, también, en talento, aunque a más de uno nos cueste reconocérselo. Era el final anunciado antes de la final, aunque no el que todos habían adelantado antes de comenzar el Mundial. Un campeonato que será recordado por las exhibiciones de un equipo con mayúsculas que ha dignificado el baloncesto en cada partido del campeonato y que puso un broche de oro con una exhibición como pocas se recuerdan.

Fuente: MARCA

Post relacionados

  • Foto 2

  • 2

  • Quaker team mesa principal

Comparte tu comentario